miércoles, 10 de julio de 2013

¿Cómo juzgará Dios a los que jamás oyeron acerca de Él ni del Evangelio?

 El apóstol Pablo escogió cuidadosamente las palabras para definir una idea o un concepto teológico. Por ejemplo dice “mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones”, no dice “mostrando la ley” sino “la obra de la ley”. Cada hombre viene al mundo con la obra de la ley, es decir, con un patrón de conducta que le indica lo que está bien y lo que está mal, que es muy diferente a la conciencia, porque añade “dando testimonio su conciencia”.


 En otras palabras: la conciencia da testimonio de la existencia de la obra de la ley en cada persona, “acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos”. Es decir que, la ley y la conciencia dialogan mutuamente. Por un lado la ley que señala una cosa, por otro la conciencia sensibiliza la distinción entre el bien y el mal. Es decir, la conciencia transforma el conocimiento en sentimiento. De aquí surgen los “sentimientos de culpa” que genera la conciencia, cuando la persona no hizo lo que demandaba la obra de la ley. Cuando se silencia la voz de la conciencia reiteradamente, esta se cauteriza y uno no siente absolutamente nada, ni cuando mata, roba, viola, engaña, defrauda, adora imágenes, insulta a Dios, quebranta las leyes, etc., porque la conciencia fue desactivada o cauterizada (1 Timoteo 4.1-3). Sin embargo, allí aun permanece la obra de la ley en su interior que sigue enviando información. Esto explica la “conciencia moral” en las culturas ateas, porque, ¿quién les enseña el valor del altruismo, la lealtad, el amor al prójimo, la obediencia, la honestidad y otros aspectos éticos? ¿De dónde viene ese conocimiento universal del bien y del mal? No hay duda que proviene de las obras de la ley escritas por Dios en la genética humana. Sobre esta base Dios juzgará “por Jesucristo los secretos de los hombres”. Esos secretos están almacenados como almacena la “caja negra” de los aviones todos los detalles del vuelo y cada palabra que se dijo antes del siniestro. Y aunque el avión se incendie y explote en el aire, los investigadores saben que esa caja resistirá y seguirá guardando la información. De igual modo, la “caja” que tenemos todos, que se llama la “obra de la ley” no se puede borrar ni eliminar, la llevaremos con nosotros aun cuando nuestros restos sean quemados y nuestras cenizas arrojadas al viento. En el día del juicio Dios sacará el back up y revelará todos nuestros secretos, y nadie podrá argumentar o presentar excusas, porque todos oiremos nuestro diálogo interior cuando estábamos tomando nuestras decisiones. 

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