viernes, 9 de enero de 2026

Becerros de oro y disidencias con permiso.

 

En los años noventa, las iglesias aún tenían muchos reparos acerca de los hombres que llevaban el cabello largo, pero cuando lo hizo Marcos Witt, ¡oh, sorpresa!, nadie se atrevió a decirle nada y, de la noche a la mañana, pasó a ser algo correcto. Era el becerro de oro favorito de muchos y no lo podían tocar.

Conozco un caso curioso: un autor cristiano del que me gustan mucho sus libros y su audacia para decir lo que otros “nunca se atreverían a decir”, criticando a la iglesia por haber dejado de ser relevante y quedarse estancada, y además, buscando reivindicar el arte, lo cual me parece genial, pensé sobre él: ¿cómo podía esté personaje ser tan bien recibido a pesar de toda la crítica que hace? Fue entonces cuando me enteré de que laboraba para una editorial cristiana que le cubría las espaldas y cuya relación era una simbiosis: la editorial compra ‘frescura’ para no parecer un museo, y el autor compra ‘protección’ para que sus “ideas incendiarias” no lo quemen a él.

¿Ese autor hubiese podido tener esa influencia sin ese espaldarazo, o lo habrían criticado y censurado desde el inicio?

Seguimos en lo mismo… ¡sí!, así es el sistema de doble rasero. Luces raro o con ideas incendiarias, pero tienes a tu “institución” que te cuide las espaldas, entonces serás visto como alguien “colorido” y necesario hasta cierto punto para llegar marketeramente a los “diferentes”, pero si no tienes ese respaldo detrás, te caerán con todo incluyendo la censura. Me ha sucedido, he sido censurado de algunas iglesias por malograr la foto o por no ser un dependiente del sistema.

Es inquietante la hipocresía dentro del cristianismo que le hierve la sangre a cualquiera. Al final del día, todos sabemos que se trata de business y que las muchas “reglas” cambian según quién las esté rompiendo o quién esté detrás dando el “respaldo”.

A veces pienso: ¿cuán bueno puede ser estar en esa posición? ¿Habrá algún costo por pagar o alguna censura? Quizás el costo sea una correa invisible: puedes ladrarle al sistema para parecer antisistema, pero solo hasta donde alcance la soga de quién te pública.

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