En los años noventa, las iglesias aún tenían muchos reparos acerca de los hombres que llevaban el cabello largo, pero cuando lo hizo Marcos Witt, ¡oh, sorpresa!, nadie se atrevió a decirle nada y, de la noche a la mañana, pasó a ser algo correcto. Era el becerro de oro favorito de muchos y no lo podían tocar.
Conozco un caso curioso: un autor cristiano del que me gustan mucho sus libros y su audacia para decir lo que otros “nunca se atreverían a decir”, criticando a la iglesia por haber dejado de ser relevante y quedarse estancada, y además, buscando reivindicar el arte, lo cual me parece genial, pensé sobre él: ¿cómo podía esté personaje ser tan bien recibido a pesar de toda la crítica que hace? Fue entonces cuando me enteré de que laboraba para una editorial cristiana que le cubría las espaldas y cuya relación era una simbiosis: la editorial compra ‘frescura’ para no parecer un museo, y el autor compra ‘protección’ para que sus “ideas incendiarias” no lo quemen a él.
¿Ese autor hubiese podido tener esa influencia sin ese espaldarazo, o lo habrían criticado y censurado desde el inicio?
Seguimos en lo mismo… ¡sí!, así es el sistema de doble rasero. Luces raro o con ideas incendiarias, pero tienes a tu “institución” que te cuide las espaldas, entonces serás visto como alguien “colorido” y necesario hasta cierto punto para llegar marketeramente a los “diferentes”, pero si no tienes ese respaldo detrás, te caerán con todo incluyendo la censura. Me ha sucedido, he sido censurado de algunas iglesias por malograr la foto o por no ser un dependiente del sistema.
Es inquietante la hipocresía dentro del cristianismo que le hierve la sangre a cualquiera. Al final del día, todos sabemos que se trata de business y que las muchas “reglas” cambian según quién las esté rompiendo o quién esté detrás dando el “respaldo”.
A veces pienso: ¿cuán bueno puede ser estar en esa posición? ¿Habrá algún costo por pagar o alguna censura? Quizás el costo sea una correa invisible: puedes ladrarle al sistema para parecer antisistema, pero solo hasta donde alcance la soga de quién te pública.
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