viernes, 28 de agosto de 2026

Reflexionando sobre un nuevo año en mi vida.

 

Llega el fin de agosto y, con él, un cumpleaños más. La mayoría lo espera con ansias. Yo, en cambio, solo quiero pasar desapercibido. Celebrar con la persona que más quiero, en nuestro lugar de siempre, como lo hemos hecho durante años. Salir con esos amigos medio locos a los que la pasión por las ruedas nos unió y que se han convertido en una familia disfuncional, pero muy querida. Tal vez ver a esa persona con la que no siempre me llevo bien, pero a la que quiero con todo mi corazón. Y recibir los saludos de la familia y de quienes se acuerden, porque nunca lo divulgo.

Ha sido un año de andar más escondido. Sin salir tanto. Dándole a la bici, apoyando en casa, atendiendo los trabajos que van saliendo y avanzando.

Por supuesto, vas a faltar tú por encima de todo. Este será el segundo cumpleaños sin tu presencia. Como dije alguna vez: esto no se cura, solo va cicatrizando. Pero la marca queda y, de rato en rato, vuelve a sangrar. ¿Estará Bronco contigo allá arriba? No lo sé. Quiero creer que los perros también van al cielo, que te estuvo esperando en la puerta y que, cuando te vio, movió la cola de alegría.

Recuerdo lo difíciles que fueron esos primeros meses. Por aquí andábamos como zombis y todos tenían una opinión sobre lo que “se debía hacer”. Al final, el que se quedó en la casa fui yo. Yo recibí las balas. Y lo volvería a hacer sin dudarlo. No hay precio para agradecer lo que hicieron por mí (y yo nunca he sido un ángel).

Pero salimos. Reflotamos. Nos paramos y avanzamos, con ayuda de Dios. Estamos mejor. Aún sangramos. Nos agarraron con la guardia baja por segunda vez, renegamos, nos fastidiamos, nos indignamos… pero al final nos volvimos a levantar. Dios no falla y siempre está presente. Sacada de lengua para los que pensaron que nos iban a tumbar.

Ahora estamos a las puertas de otro cambio. Nerviosos, estresados, pero sabiendo que es para bien. Y que Él nuevamente nos va a sostener, como siempre lo ha hecho.

 Algunos cuestionarán mi escasa presencia en la iglesia. Lo lamento, pero no es el momento de ser sociable. Tengo responsabilidades que atender. Si voy, es por el servicio y luego me retiro. Hay alguien que me necesita y punto. Además, ando cuestionándome muchas cosas de la iglesia como institución. Mi fe en Dios sigue firme. Lo que va disminuyendo es mi confianza en las estructuras eclesiales. Sueño con una iglesia que regrese a las casas y, desde ahí, enfrente las batallas. 

Mientras tanto, seguimos con los proyectos: los zines, la radio y la escritura —qué delicia es escribir—. Continuamos con el trabajo y con la empresa, esperando que algún día crezca. Y dispuestos a ir donde Dios nos quiera enviar.

Más viejo. Con cicatrices internas y externas. Muchas veces derribado, pero no destruido. Perseverando en medio de un mundo cada vez más perdido y de una iglesia que muchas veces se hace cómplice.

El mismo Zelote de siempre.

¿Será hora de un nuevo tatuaje?

Feliz cumpleaños, amigo Zelote, compañero de mil batallas. 

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Alan Niven - Sound N' Fury: Rock N' Roll Stories

 



Finalmente, luego de una batalla legal contra Axl Rose —quien trató de impedir su publicación durante mucho tiempo—, Alan Niven, el exmánager de Guns N’ Roses, pudo publicar su libro Sound N’ Fury: Rock N’ Roll Stories.

Para mí, Niven es uno de los mejores mánagers del rock de la historia y no ha sido reconocido como se merece. Fue una de las principales razones del éxito de varias bandas que alcanzaron fama mundial.

En este libro, Niven se sienta a tomar un café con el lector mientras cuenta historias que vivió durante sus años en el camino del rock and roll. Esas historias muestran a un hombre que ha pasado por mucho, pero que, a través de las cicatrices, ha aprendido. Además, siempre fue un visionario: veía lo que otros no veían y nunca dejó que nadie lo pasara por encima, lo cual le trajo varios problemas.

En el libro destacan dos vínculos clave. En primer lugar, su relación con Great White, la banda que fue el verdadero “bebé” de Niven. Los ayudó a crecer, a encontrar su camino dentro del rock, escribió canciones con ellos y siempre buscó apoyarlos, a pesar de que muchas veces no le pagaron con la misma moneda. Finalmente se distanció de ellos.

Por otro lado, está su relación con Guns N’ Roses, de quienes decidió ser mánager cuando nadie más quiso hacerlo. Los ayudó a convertirse en una de las bandas más exitosas comercialmente de los 80 y los cuidó entre los excesos de sus miembros. Admiraba la dedicación de Slash al trabajo y tenía un cariño especial por Izzy, a quien veía como el verdadero motor de la banda, su corazón y su alma.

El estilo confrontacional de Niven le valió para chocar con el hambre de control del enigmático e impredecible Axl Rose. Al ver que no podía controlarlo, Axl terminó despidiéndolo a principios de los 90 y, como se ve en algunas de las historias, hizo todo lo posible por vengarse de él.

Luego de su despido, Niven entró en el anonimato. Ha trabajado con otras bandas y ahora vive en un entorno rural bastante apacible. Aunque de vez en cuando concede entrevistas a podcasts de rock o escribe columnas incendiarias en las que se despacha a gusto contra Axl —demostrando que la espina de la ingratitud sigue clavada—, su día a día está completamente alejado del circo mediático.

Curiosamente, su protegido, Izzy Stradlin, también vive en el anonimato, pasando sus días entre California e Indiana, practicando surf, manejando motos y reparando autos.

Axl Rose, por su parte, terminó, irónicamente, bajo la influencia de Fernando Lebeis y su madre Beta, quienes le siguen ofreciendo un falso sentido de libertad mientras lo controlan a su antojo.

Este es el libro de un viejo zorro del rock que bien vale la pena leer y que, finalmente, ha visto la luz.

martes, 7 de julio de 2026

Cronicas de Rutas Ciclistas.

 

El domingo había quedado con mi amigo del pedal para hacer una salida relajada, algo urbano para estirar las piernas. Lo esperé en su local y nos enrumbamos a tomar un rico desayuno y luego hacia Lima por la avenida Arequipa, que los domingos está libre para ciclistas y, tristemente, para runners que a veces estorban a los ciclistas (creo que se podrían segmentar mejor los carriles).

En el trayecto, mi bro me dice que mejor fuéramos al morro. Yo le dije que no había problema y, de paso, iba a aprovechar para hacer más km y trepar hasta la cruz. Vamos…

Llegamos y llegue hasta el camino de la cruz para esperarlo y cuando llega, veo que toma el camino hacia las antenas, me dice, vamos a intentarlo, tu puedes, yo no estaba preparado, pero le dije, bueno pues vamos yendo a ver hasta donde llegamos y enrumbamos.

El morro estaba libre de ciclistas, pues ya era un poco tarde para los que suelen subir; fuimos a paso reposado, parando de rato en rato por lo cansado del camino lleno de tierra y piedras. Paré varias veces, empujé la bici, proseguí la marcha entre vans que a veces pasaban y te hacían perder el ritmo (pero eran respetuosos) y, entre conversaciones y esfuerzo constante, finalmente llegamos a las antenas y fuimos premiados con una hermosa vista. Lo curioso del caso fue ver a un brother con una bici de ruta trepando a las antenas (debe haber tenido buena resistencia, pero las llantas, pobres).

Luego de descansar un momento, nos preparamos para el descenso y yo, pensando en cómo bajar, mi amigo me decía “trasero al aire” y yo, tratando de hacerle caso, con la mano apretando el freno (mala forma de bajar) y con el corazón en la mano, diciendo que extrañaba mis caminos asfaltados, a los que tanto estoy acostumbrado. Pero al final puede llegar a descender (un poco lento, eso sí) y terminar la aventura que me dejó con ganas de más.

Al final, el truco para bajar es:  brazos flexionados, peso al centro-atrás y deja que la bici ruede.


Ya tendré mi revancha de las antenas nuevamente; al menos sé que, con mi bici Specialized, un poco antigua y desgastada, de aro 27.5, pude coronar la faena. 






La Casa de los Espíritus


La última versión de la novela "La Casa de los Espíritus", una serie de 10 capítulos en AMAZON PRIME, me pareció muy interesante y bien lograda; sin embargo, para quienes hemos leído el libro, el final me parece deficiente y hace que se pierda el sentido de lo que quiso compartir la autora. 

Recomiendo la SERIE, pero también leer el libro que es simplemente UNA OBRA DE ARTE. 

https://www.theguardian.com/tv-and-radio/2026/apr/29/the-house-of-the-spirits-review-isabel-allendes-novel-amazon-prime-video







"Frank Schaeffer: "Crazy for God: How I Grew Up as One of the Elect, Helped Found the Religious Right, and Lived to Take All (or Almost All) of It Back"

 A raíz de leer el libro de Frank Schaeffer: "Crazy for God: How I Grew Up as One of the Elect, Helped Found the Religious Right, and Lived to Take All (or Almost All) of It Back" en inglés, encontré un artículo muy interesante al respecto en el siguiente enlace:  

https://www.modernreformation.org/resources/articles/crazy-for-god-how-i-grew-up-as-one-of-the-elect-helped-found-the-religious-right-and-lived-to-take-all-or-almost-all-of-it-back-by-frank-schaeffer 

Y quise traducirlo para ustedes. 



William H. Smith

Martes, 1 de septiembre de 2009 / Edición de septiembre-octubre de 2009

Loco por Dios es un libro descarado, colérico, honesto, revelador, vulnerable, inquietante, perspicaz y frustrante. En otras palabras, resume a la perfección a Frank Schaeffer. Sin embargo, no es el texto sensacionalista de rechazo absoluto hacia sus padres y el evangelicalismo que yo pensaba que sería.

Tengo serias dudas al respecto. Se le ha acusado de deshonrar a sus progenitores, en especial a su anciana y deteriorada madre, quien ya no puede defenderse. Leer este libro se asemeja bastante a presenciar cómo el hijo herido de unos padres famosos se desahoga ante su terapeuta. Si decir tales cosas, o decirlas en público, quebranta el Quinto Mandamiento, entonces él es culpable; no obstante, no me siento listo para afirmar que este sea el caso.

Mientras leía, me vinieron a la mente las palabras del salmista: «Si yo dijera: "Hablaré como ellos", traicionaría a la generación de tus hijos» (Salmo 73:15). El salmista escribió con honestidad sobre sus dudas solo después de haberlas resuelto. Pero ¿qué pasa si alguien no ha resuelto sus dudas y ya no cree que puedan resolverse con "respuestas"? ¿Está obligado a guardar silencio? No lo sé.

El lenguaje de Schaeffer es vulgar. Utiliza las palabras que contienen "m" y "j" con total libertad. Si Pablo tenía en mente este tipo de expresiones cuando ordenó «ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca», entonces Schaeffer es culpable. Realmente parece que podría haber escrito un libro que desnudara su alma con la misma fuerza sin recurrir con tanta frecuencia a ese vocabulario. El hecho de que lo use resultará ofensivo para muchos.

Es un hombre que sigue resentido con sus padres por quienes eran, por lo que hicieron y por cómo lo criaron. Pese a ello, este libro no es un berrinche lleno de odio. Ha asimilado su experiencia con su padre considerablemente mejor que con su madre, pero siente un afecto sincero por ambos. Las descripciones de los momentos de ternura e intimidad con su padre son conmovedoras. Su comprensión ante las frustraciones de su madre en el matrimonio y en la vida muestra una empatía auténtica, mientras que la sensibilidad que exhibe hacia ella en el tiempo que pasa a su lado durante su fragilidad es admirable.

Un crítico ha dicho que Schaeffer está obsesionado con el sexo, pero no creo que esa sea la palabra adecuada. Siente la fascinación y los sentimientos encontrados hacia el sexo que no son raros entre quienes crecieron en el fundamentalismo. Además, tiene una excusa para su "nivel de interés" si es que dice la verdad sobre sus padres. Su madre era sumamente abierta con sus hijos respecto a sus relaciones matrimoniales íntimas (lo que la diferenciaba de la gran mayoría de los fundamentalistas) y las necesidades sexuales de su padre eran (por así decirlo) intensas.

Puede que Schaeffer se equivoque en cuanto a la exactitud y el equilibrio de sus recuerdos y percepciones sobre sus padres, pero no parece estar motivado por el deseo de difamarlos o desacreditarlos. Su padre tenía mal genio, pasaba por periodos de duda y depresión, era a la vez indulgente y negligente con su hijo, y se dejó presionar por él y por otros hacia un papel político y público que anuló gran parte del bien que había hecho antes. Su madre era vanidosa, a veces despectiva con su esposo, santurrona y, en su mayor parte (a diferencia de su cónyuge), felizmente ignorante de sus propios defectos.

Pero Frank no se compadece de sí mismo. Quizás confiesa sus pecados sexuales con un regocijo un tanto excesivo y se muestra demasiado orgulloso de sus dudas, pero, por lo general, es honesto: honesto sobre su rebeldía, su arrogancia, su hipocresía, sus fracasos como esposo y padre, su intensidad y su impulsividad.

También es sincero sobre sus dudas y sus rechazos a la fe cristiana. Resulta un tanto sorprendente que sea tan franco al respecto, dado que no escribe para desacreditar la fe. Lo más notable es la duda de Dios, una incertidumbre bastante común de tener, pero sumamente inusual de admitir. Ha descartado la inerrancia de la Biblia por considerarla una postura que solo puede sostenerse negando o justificando aquello que la contradice. Ya no puede aceptar —y nunca se sintió cómodo con ellas— las expresiones superficiales y formulistas de la creencia y la práctica cristianas, tan habituales entre los viejos fundamentalistas, las organizaciones paraeclesiásticas y los "rostros" del evangelicalismo actual.

Sin embargo, no carece por completo de fe. Sabe que su búsqueda persistente de significado proviene de alguna parte. No espera encontrar un desenlace definitivo en su búsqueda, pero toma incluso eso como evidencia de un anhelo universal por lo infinito. Espera que "tal vez haya un Dios que perdona, que ama, que sabe". ¿Es esto fe salvadora? ¿No exactamente? No ha rechazado la ética cristiana; al contrario, se ha vuelto más constante en su práctica a medida que envejece. Quizás el hecho de que Frank no pueda soltar su fe demuestra que está en manos de un Dios que no lo soltará.

Es probable que no fuera su intención, pero el libro señala, a lo largo de sus páginas, la debilidad fundamental del evangelicalismo del siglo XX: su eclesiología.

Su padre tenía muy poco respeto por la iglesia como institución histórica y concreta. Tanto Francis Schaeffer como L'Abri estaban, al igual que tantas estrellas evangélicas y todos los ministerios paraeclesiásticos, más allá de la rendición de cuentas y de la supervisión de la iglesia en su rol de gobierno. El avivamiento, el pietismo, el fundamentalismo, el liberalismo y el pugilismo espiritual habían aportado su grano de arena para debilitar a la iglesia y colocar al individuo, su conciencia y mi ministerio fuera de la autoridad eclesiástica. Como observa Frank sobre su padre: «Papá era nuestra "santa tradición". Era más grande que cualquier iglesia». Y así ocurre con todos ellos.

La debilidad en la eclesiología se revela también en el culto de la iglesia. Frank llegó al punto de no poder soportar la cursilería de gran parte del evangelicalismo. Tomemos su música como ejemplo: «Cómo deseaba que Dios nunca hubiera creado a ningún hombre o mujer con un "ministerio musical". Desearía que los fulminara a todos para no tener que pasar ni un minuto más escuchando a otra señora gorda (incluso los hombres eran "señoras gordas" para mí) cantar otra canción de "Jesús es mi novio" sintetizada con violines». ¡Sigue predicando, hermano!

El funeral de su padre, que se llevó a cabo en un gimnasio y no fue dirigido por un ministro, muestra el culto evangélico en su peor expresión. «El funeral de papá encarnó todo el caos y la locura de la improvisación del evangelicalismo. Fue a los funerales a lo que las bodas "personalizadas" son al matrimonio: un evento en el que la joven pareja compone sus propios votos mientras algún amigo al que "de verdad le gusta la guitarra" pone la música».

Uno de los párrafos más agudos del libro surge de la experiencia de Frank en ese funeral. «Hay una buena razón por la que los humanos nos refugiamos en la sabiduría colectiva acumulada a lo largo del tiempo, expresada en las liturgias y en los hábitos culturales de larga práctica». Y la arrogancia de la noción protestante de que los caprichos individuales están a la altura de cualquier ocasión se manifiesta en innumerables momentos ridículos y en servicios de culto espantosos, por no hablar de las incontables bodas caseras. Pero se supone que los funerales son algo serio. La creatividad no siempre es buena».

Frank Schaeffer lamenta su papel en el surgimiento y desarrollo de la derecha religiosa, que representa un ejemplo de cómo la iglesia se confunde respecto de la razón de su existencia. Esta es una confesión significativa. Recuerdo haber pensado en los años 70 que su padre se había descarrilado con su Manifiesto Cristiano y que la obra de Frank, Tiempo de ira, era exagerada. La iglesia de entonces fue culpable de enganchar su carro a los distintos caballos de la política, y los fieles todavía no terminan de comprender que el reino no se establece de esta manera.

Ha reconsiderado su postura sobre el aborto. Sigue siendo esencialmente conservador, aunque ya no de forma absolutista. Desprecia y ataca la postura liberal mucho más que la conservadora, pero ahora piensa que fue un error tras el fallo de Roe v. Wade. Wade, que el evangelicalismo se desplazara hacia la posición de "no al aborto bajo ninguna circunstancia". Recuerdo haber asistido a una clase de seminario antes de Roe en la que se debatió sobre el aborto. Un estudiante dijo que su esposa abortó por recomendación médica y nadie mostró horror. Me sigue pareciendo imposible trazar una línea, por lo que resulta seguro y prudente marcar el inicio de la vida y de su protección en la concepción; sin embargo, nos hemos metido en una situación en la que el debate racional sobre la política nacional es inviable para ambos bandos.

Por alguna razón, Schaeffer se ha amargado y ensañado contra el calvinismo, identificándolo con el fundamentalismo por su simpleza, rigidez, piedad engreída y sus reglas legalistas. En esto se equivoca. Pero tal vez el problema radique en que aprendió el calvinismo de su padre y su padre tampoco lo entendió nunca. A Francis no le gustaba Calvino. Si a esto sumamos que Frank atribuye a fuentes calvinistas la mayoría de las cosas que le desagradan de sus padres, supongo que se puede comprender.

Sin duda, el libro requiere una respuesta, tal como Os Guinness ha intentado dar. Pero lo primero que debemos hacer (y creo que Guinness lo ha intentado) es escuchar a Schaeffer. Puede que no nos guste. Puede que nos incomode. ¡El cielo nos libre! Puede que nos haga pensar. Pero escuchar y reflexionar es indispensable, porque nos está diciendo verdades como puños sobre nosotros mismos.

 




martes, 23 de junio de 2026

El nacimiento del shock rock y la dolorosa disolución de una hermandad creativa (IA Articulo)



La gestación del shock rock en los umbrales de los años 70 se cimentó en una premisa conceptual inquebrantable: si todo el entorno emite alaridos, el sonido pierde su impacto. Bajo este axioma estético, un quinteto de jóvenes músicos revolucionó la puesta en escena del rock, anteponiendo la teatralidad y el impacto visual al mero academicismo musical. La confianza del vocalista Vince Furnier sobre el escenario dependía inicialmente de un escudo imaginario: la asimilación del aplomo de figuras como Mick Jagger o Ray Davies. No obstante, este proceso de mímesis dio paso a una transmutación gradual de la identidad individual, en la que los límites entre Vince y su alter ego, Alice, comenzaron a desvanecerse de manera irreversible.

El ascenso creativo de la banda encontró un catalizador fundamental en el productor Bob Ezrin, quien identificó de inmediato el valor de las complejas e inusuales estructuras rítmicas del grupo, que se apartaba de los cánones convencionales del bajo eléctrico. La labor compositiva se regía por un estricto espíritu de cooperación horizontal, en el que cada miembro enriquecía las propuestas del colectivo. Un componente esencial de esta identidad radicaba en la guitarra de Glen Buxton, cuyo estilo hosco y rebelde poseía un matiz visceral imposible de duplicar: un sonido que evocaba de manera inequívoca al estudiante marginado en el fondo del aula.

"Escribíamos canciones en torno a la opulencia irracional de una juventud privilegiada. Sin embargo, detrás del brillo de las producciones y del inmenso éxito comercial de las giras, el tejido humano que sostenía al grupo experimentaba una fractura irreparable."

El advenimiento de la popularidad internacional trajo consigo el germen del distanciamiento. Promovido intensamente por la dirección como figura solista, el personaje de Alice Cooper comenzó a eclipsar la naturaleza comunitaria de la banda. Los afiches promocionales y las dinámicas internas reflejaron esta disparidad, aislando progresivamente al vocalista de sus compañeros de ruta. La mística del trabajo conjunto en la intimidad del hogar fue suplantada por residencias separadas y un creciente equipaje emocional que nadie se atrevía a confrontar abiertamente.

La grabación de álbumes emblemáticos y las giras que siguieron, como la de Billion Dollar Babies, se convirtieron en experiencias desgarradoras, marcadas por el abuso severo de alcohol y una hostilidad antes inexistente. El ingenio satírico que solía amenizar los extenuantes viajes derivó en un resentimiento explícito, exacerbado por la publicación de declaraciones que el vocalista interpretó como una traición deliberada. La partida de Ezrin y el aislamiento físico de los integrantes precipitaron una parálisis artística definitiva; el grupo había perdido el control de su propia obra.

La disolución de la alineación original ocurrió de forma abrupta, sin una deliberación consensuada entre sus cinco fundadores. A pesar de la profunda amargura y del sentimiento de despojo que acompañaron el final de la banda, el tiempo decantó las heridas de la vieja hermandad de Phoenix. Tras superar las etapas más oscuras y abrazar una vida disciplinada, los miembros sobrevivientes demostraron que su compromiso con su legado musical permanecía intacto a lo largo de las décadas. El epitafio tallado en la tumba de Glen Buxton, con la forma de un pupitre escolar y el histórico riff de "School's Out", se erige hoy como el testimonio perdurable de una unidad creativa que alteró para siempre la historia del espectáculo musical.

El Altar de la Extravagancia (IA Articulo)



La fragmentación interna y el colapso sistémico del fenómeno Glam Metal en Sunset Strip


Hacia mediados de la década de los 80, una fuerza irresistible transformó los históricos recintos de Sunset Strip. Lugares legendarios como el Troubadour, que antaño cobijaron la intimidad folk de James Taylor y Joni Mitchell, modificaron drásticamente su fisonomía para albergar a hordas de jóvenes músicos y fanáticos sedientos de guitarras estridentes, cabelleras voluminosas y calzado de tacón alto. La mística contracultural se convertía en un espectáculo andrógino, festivo y ferozmente comercial.

En este ecosistema florecieron espacios subterráneos de enorme influencia. Riki Rachtman y Taime Downe concibieron Cathouse inicialmente como un discreto refugio nocturno, libre de cámaras, donde la élite del rock compartía copas con celebridades y bailarinas. Este club presenció hitos fundamentales, desde los primeros sets acústicos de Guns N' Roses hasta las disputas callejeras entre Axl Rose y David Bowie. Paralelamente, Scream, fundado por Dayle Gloria y Michael Stewart, canalizaba las vertientes más oscuras del glam, del death rock y de la corriente gótica, consolidando la reputación de Los Ángeles como la capital indiscutible de una nueva sensibilidad musical.

"Había una dedicación absoluta por triunfar. Las bandas trazaban planes meticulosos para asaltar el circuito comercial; se presentaban con una ambivalencia estética que desconcertaba al público, situado en la delgada línea entre la confrontación y la seducción."

A pesar del trasfondo punk que compartían músicos como Duff McKagan o Mick Cripps, quienes asimilaban el legado de Hanoi Rocks, Johnny Thunders y los Dead Boys, la industria impuso un rígido patrón de uniformidad. El diseño indumentario de Ray Brown estandarizó el uso del spandex y de los pantalones con cordones frontales, diluyendo las identidades particulares. El sonido también experimentó una homogeneización mercantil a través de la power ballad: una estrategia en la que las composiciones pesadas aseguraban la credibilidad inicial ante los oyentes masculinos, mientras que las baladas emocionales, lanzadas estratégicamente meses después, dinamizaban las ventas y garantizaban el respaldo masivo del público femenino.

Sin embargo, la virtuosa ejecución de los guitarristas de la época terminó por despojar al instrumento de su raíz melancólica. El solo de guitarra, concebido originalmente en la tradición afroamericana como un grito de profunda angustia existencial, fue reinterpretado por la juventud estadounidense como una disciplina casi deportiva. La técnica instrumental se convirtió en una metáfora del sueño americano: una tarea de precisión en la que el esfuerzo metódico conducía inevitablemente a la opulencia y a la fama corporativa.

El colapso del género se por a la confluencia de la saturación y la decadencia endógena. Hacia 1989, el circuito estaba plagado de clones estéticos de escaso valor creativo. Las discográficas, ávidas de replicar éxitos financieros, sobrecargaron los catálogos radiales y televisivos con decenas de agrupaciones idénticas. Esta sobreexposición coincidió con una severa crisis existencial: la glorificación del hedonismo y la promiscuidad chocaron de frente con la cruda realidad de la epidemia del SIDA, lo que volvió anacrónicas las líricas de antaño.

El grunge no erradicó el hair metal de forma deliberada; el género ya agonizaba desde sus cimientos debido a la disfunción interna, el agotamiento físico de las giras y unas adicciones devastadoras que fragmentaron a las bandas desde su propio núcleo.

viernes, 15 de mayo de 2026

El Diablo viste a la moda 2

 


Para los viejitos de 40 esta pela marcó nuestros corazones y tal vez sin decirlo abiertamente anhelábamos una secuela, que llega 20 años después.

Al haber escrito por mucho tiempo en fanzines, la premisa me hace mucho sentido: “Cómo ser relevantes y sobrevivir en un mundo digital y cambiante”

Los personajes evolucionaron por senderos distintos, pero el destino los vuelve a juntar: Andy ahora es una periodista reconocida, mucho más segura de sí misma.

Miranda no ha perdido su esencia, pero ahora muestra un poquito más de su lado humano.

Mientras que Elisabeth logró su sueño y Nigels, el eterno Nigels, por fin es reconocido.

Es una trama que fluye naturalmente y resulta muy emotiva (casi se me caen las lágrimas), y el cierre es perfecto. Me alegra que hayan sabido llevar tan bien la trama.

Si fuiste fan de la primera película, corre al cine pues esta secuela que no te decepcionara y añade la calma, diversión y nostalgia que tanta falta nos hace. 

viernes, 1 de mayo de 2026

Otra Payasada Electoral (Cortesía de los impresentables de siempre)

 


Finalmente, las elecciones llegaron a Perú. Días previos me llamó la atención que me hayan cambiado de local de votación, pero no le hice mucho caso al asunto. El día de la elección no tuve muchos problemas y pude votar con tranquilidad. Justo ese día me había quedado a dormir la noche anterior en la casa de un amigo y pasé por el Colegio Médico en Miraflores, y observé a bastante gente afuera, pero no le presté mucha atención.

Lo que vendría después confirmaría algunas de las sospechas que tenía. Había muchas personas que se habían quedado sin votar, y lo más curioso es que la mayoría, si no todas, estaban en Lima, donde — oh, casualidad — la izquierda no tiene casi ningún adepto. Además, habían dejado sin votar a más de 1 000 000 de personas, abriendo los locales de votación casi a las 12 del día o simplemente no abriéndolos. No respetaron la voluntad popular; hicieron esto adrede y nadie se dio por aludido. El plan ya estaba hecho y había sido puesto en marcha con meses, si no años, de anticipación.

Las votaciones dieron como ganadores a Keiko Fujimori y a López Aliaga; se peleaba el segundo puesto con Roberto Sánchez. Lo curioso del asunto es que — oh, sorpresa — en provincias no había habido casi ningún problema con las votaciones y, sobre todo en el sur, la gente votó con normalidad. Casualidades de la vida, ¿no?

Luego de este escándalo electoral y de investigaciones concisas, se llegó a la conclusión de que había habido bastantes irregularidades en el proceso y que, conforme avanzaban los días, iban saliendo a la luz. Incluso se dice que el software de la ONPE había sido trucado para favorecer al candidato Roberto Sánchez. (¿Foro de São Paulo, son ustedes?)

Finalmente, el jefe de la ONPE, Corvetto, asumió su seudoresponsabilidad y renunció a su cargo, pero eso no exime del daño causado. El JNE, en lugar de asumir su responsabilidad y convocar a nuevas elecciones, que era lo que tocaba, simplemente se lavó las manos como Pilatos y dejó todo en el limbo. Para ellos no pasó nada y todo seguía igual.

Lo que me molesta es la letanía de las personas, pues ellos, en vez de luchar y salir a las calles, no lo hacen. Y esto es porque, tradicionalmente, la derecha nunca ha sido de salir a la calle a marchar por sus derechos. Pero el futuro del país está en juego.

Yo no sé a quién le beneficiará que este advenedizo llamado Roberto Sánchez — que se dice huachano pero vive en San Borja manejando un carro de 18 mil dólares, y que simplemente se puso un sombrero para jalar a los ineptos — sea el presidente. Lo único que sé es que, con su discurso polarizado, lo único que hace es encender las alarmas y hacernos pensar en cómo las personas del sur tienen tanto odio en el corazón y son tan fáciles de engañar como para votar por este sujeto que ni siquiera tiene un plan de gobierno; que lo único que quiere es llevarnos a la ruina y convertirnos en una nueva Venezuela.

A lo largo de la historia se ha comprobado que la izquierda nunca ha funcionado en ninguno de los países en los que ha gobernado. Nos venden el cuento de que en Europa la izquierda sí funciona, pero ese tipo de gobierno no es de izquierda, sino una socialdemocracia, que es algo totalmente diferente; y cuando Suecia se fue por el camino de la izquierda en los años 90, casi se fue a la ruina y tuvo que virar antes de colapsar.

Bien dicen que Marx era un parásito que vivía de los demás mientras le succionaba a un millonario que era el que lo mantenía. De igual forma, Colombia, en estos tiempos, se fue por el garete al confiar en Petro como presidente y ahora está sufriendo las consecuencias. Pero Chile viró a la derecha a tiempo antes de irse al colapso.

El Perú ha vivido desde el año 2016 en piloto automático. ¿Y no es justo que dentro de unas elecciones totalmente aberrantes y de un plan planificado, se haya permitido que 35 candidatos puedan postular para que, de esa forma, la valla para ganar no sea tan alta? Es evidente el plan de la izquierda, que ha copado todos los poderes del Estado y está buscando cómo hacer que esto le favorezca.

Yo no creo que Keiko Fujimori sea la mejor candidata para ser presidente, pues ella tiene la culpa de todo este embrollo en el que nos hemos metido. Pero de allí a dejar que mi odio hacia ella me nuble el entendimiento y votar por un candidato que solo quiere llevar al país a la debacle es algo muy distinto.

Creo firmemente que Dios está a cargo de todas las cosas, pero también que el pueblo, en estas circunstancias, debe levantarse y salir a luchar por sus derechos. Por cierto, es curioso que el Congreso haya aprobado una ley para aumentarles el sueldo a los militares. ¿No estarán comprándolos para que no se levanten junto al pueblo si ellos protestan?

Tenemos una oportunidad de oro para salir del bache en el que estamos y no debemos perderla. Ojalá Dios se apiade de nosotros en esta situación.