miércoles, 26 de agosto de 2026

Alan Niven - Sound N' Fury: Rock N' Roll Stories

 



Finalmente, luego de una batalla legal contra Axl Rose —quien trató de impedir su publicación durante mucho tiempo—, Alan Niven, el exmánager de Guns N’ Roses, pudo publicar su libro Sound N’ Fury: Rock N’ Roll Stories.

Para mí, Niven es uno de los mejores mánagers del rock de la historia y no ha sido reconocido como se merece. Fue una de las principales razones del éxito de varias bandas que alcanzaron fama mundial.

En este libro, Niven se sienta a tomar un café con el lector mientras cuenta historias que vivió durante sus años en el camino del rock and roll. Esas historias muestran a un hombre que ha pasado por mucho, pero que, a través de las cicatrices, ha aprendido. Además, siempre fue un visionario: veía lo que otros no veían y nunca dejó que nadie lo pasara por encima, lo cual le trajo varios problemas.

En el libro destacan dos vínculos clave. En primer lugar, su relación con Great White, la banda que fue el verdadero “bebé” de Niven. Los ayudó a crecer, a encontrar su camino dentro del rock, escribió canciones con ellos y siempre buscó apoyarlos, a pesar de que muchas veces no le pagaron con la misma moneda. Finalmente se distanció de ellos.

Por otro lado, está su relación con Guns N’ Roses, de quienes decidió ser mánager cuando nadie más quiso hacerlo. Los ayudó a convertirse en una de las bandas más exitosas comercialmente de los 80 y los cuidó entre los excesos de sus miembros. Admiraba la dedicación de Slash al trabajo y tenía un cariño especial por Izzy, a quien veía como el verdadero motor de la banda, su corazón y su alma.

El estilo confrontacional de Niven le valió para chocar con el hambre de control del enigmático e impredecible Axl Rose. Al ver que no podía controlarlo, Axl terminó despidiéndolo a principios de los 90 y, como se ve en algunas de las historias, hizo todo lo posible por vengarse de él.

Luego de su despido, Niven entró en el anonimato. Ha trabajado con otras bandas y ahora vive en un entorno rural bastante apacible. Aunque de vez en cuando concede entrevistas a podcasts de rock o escribe columnas incendiarias en las que se despacha a gusto contra Axl —demostrando que la espina de la ingratitud sigue clavada—, su día a día está completamente alejado del circo mediático.

Curiosamente, su protegido, Izzy Stradlin, también vive en el anonimato, pasando sus días entre California e Indiana, practicando surf, manejando motos y reparando autos.

Axl Rose, por su parte, terminó, irónicamente, bajo la influencia de Fernando Lebeis y su madre Beta, quienes le siguen ofreciendo un falso sentido de libertad mientras lo controlan a su antojo.

Este es el libro de un viejo zorro del rock que bien vale la pena leer y que, finalmente, ha visto la luz.

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