martes, 27 de octubre de 2026

Alice Cooper - ¿De que tratan sus discos?

 


Pretties for You

Easy Action

Los comienzos buscando una identidad sin un concepto definido

Love it to Death

Sobre la muerte

Killer

Sobre Asesinos

School's Out

Acerca de la escuela y todo lo que significa, incluso desde el lado nostálgico

Billion Dollar Babies

Sátira sobre la fama, el dinero y los excesos.

Muscle of Love

Angustia adolescente, la vida en las calles y la pérdida de la inocencia urbana

Welcome to My Nightmare

Alice Cooper Goes to Hell

La historia de Steven: un concepto teatral sobre un niño que tiene pesadillas. Explora el miedo infantil, la locura y el horror psicológico.

Alice es condenado al infierno por sus crímenes y su arrogancia rockera.

Lace and Whiskey

Un disco en la onda de detective típico de películas de la época que le encantaba ver

From the Inside

Alice relata, con exageración y humor negro, su paso por una institución mental a causa de su adicción al alcohol.

Flush the Fashion

Inspirado en los tabloides sensacionalistas.

Special Forces

Temática militarista, autoritaria y andrógina.

Zipper Catches Skin

Sátira pop y humor negro acelerado.

DaDa

Narra la perturbadora historia clínica de un hombre encerrado y de su familia disfuncional a través del personaje ficticio llamado Former Lee Warmer.

Constrictor

Raise Your Fist and Yell

La respuesta a las películas de acosadores y de terror adolescente de la época

Trash

Hey Stoopid

Alice decide seguir el camino del glam metal popular de la época, reúne a grandes músicos y saca dos discos muy buenos dentro del género, pero que líricamente siguen los clichés del género, y Alice, años después, renegaría de ese enfoque lírico.

The Last Temptation

La historia de un muchacho tentado por un cirquero demoníaco que lo invita a su circo de horror, pero el chico logra derrotarlo.

Brutal Planet

Según cuenta Alice: “En Brutal Planet imaginaba la sociedad dentro de cincuenta años, cuando la iglesia, los valores familiares, la escuela y el gobierno se hubieran derrumbado. Lo que quedaría sería un lugar terrible en el que nadie querría vivir. Un planeta tan brutal, un verdadero infierno.”

Dragontown

Según cuenta Alice: “En Dragontown escribí sobre dirigirme a toda velocidad hacia un muro de ladrillos. Mejor decide pronto, porque cuando llegues a ese muro, se acabó el juego. Para ser fiel a mí mismo, tenía que ser aún más brutal que Brutal Planet. Comienza con un descenso en un ascensor averiado hacia el Infierno, seguido de un recorrido por el inframundo, como en la Divina Comedia de Dante, donde cada pecador es torturado de una manera acorde con sus pecados.”

The Eyes of Alice Cooper

Dirty Diamonds

Volver a las raíces del garage rock, divertirse y dejar que la música fluya de forma directa y orgánica.

El concepto era el método de grabación. El músico obligó a la banda a ensayar las canciones, a entrar al estudio y a grabarlas en directo, sin trucos tecnológicos ni sobregrabaciones (overdubs). La meta era emular el sonido sucio y crudo de los primeros años de Alice Cooper con su banda. 

Alice declaró que, tras tanta oscuridad previa, quería canciones directas, "que te patearan el trasero", de tres minutos.

Along Came a Spider

La historia de un asesino en serie que quiere recolectar partes de sus víctimas, pero se enamora de una de ellas.

Alice menciona: “Along Came a Spider trata sobre un asesino en serie psicópata empeñado en construir una araña con ocho piernas humanas, que deja a sus víctimas envueltas en telarañas. Se hacía llamar Spider. ¿Su verdadero nombre? Steven, por supuesto. Ha vuelto… y esta vez está loco. También es complejo porque lo hice un poco simpático, y al final su perdición es que se enamora de su última víctima potencial.”

Welcome 2 My Nightmare

Continúa con la historia de Welcome to My Nightmare y Go to Hell.

Paranormal

Acerca de personas mentalmente inestables

Detroit Stories

Un disco sobre historias de la ciudad de Detroit

Road

Acerca de la vida en la carretera desde un punto de vista cargado de humor negro

The Revenge of Alice Cooper

El disco de regreso, luego de 50 años, con sus viejos camaradas. 

Alice Cooper - Devil on my Sholuder (Auto biografia)

 


La nueva autobiografía de Alice Cooper, Devil on My Shoulder, por fin vio la luz y resulta una lectura muy interesante a través de la mente de Vincent Furnier… y de Alice.

De entrada, el libro se presenta como un intento de aclarar mitos difundidos a lo largo de los años. Es hora de saber la verdad, o al menos la versión más cercana a ella que Cooper está dispuesto a contar.

Nos habla de su niñez andando de un lado para otro hasta recalar en Arizona, donde su padre se convirtió en predicador (pertenecía a una rama cercana al mormonismo, aunque el libro no se detiene demasiado en precisiones teológicas y deja algunas preguntas en el aire). Vincent tenía mucha afición por las películas y series de terror de la época. En la escuela descubre la música y, sobre todo, a un compañero llamado Dennis Dunaway, quien compartía su amor por el terror y el arte. Ambos se complementan al instante.

Juntos tienen la ambición de formar una banda distinta, una que incorpore arte y teatralidad en sus presentaciones. Reclutan a Glen Buxton, luego a Michael Bruce y, más adelante, a Neal Smith en la batería. Empiezan a sonar su música extraña por todos lados. Lanzan dos discos, definiendo un sonido propio, hasta que entra Bob Ezrin, quien los pule. Con él llegan los discos más conocidos, la fama… y los problemas.

Una de las cosas que más impresionan del relato es cómo Vincent, que nunca había bebido, necesitó un solo vaso para no volver a bajarlo en mucho tiempo. Él mismo lo cuenta con lucidez: no quería beber porque tocar música ya era suficientemente emocionante, pero tenía que quedar bien delante de Judy. Al día siguiente compró un six-pack y, desde entonces —como se ve en casi cualquier foto de esa época hasta finales de los setenta—, siempre tenía una bebida en la mano. Aquella primera se convirtió en miles. Se volvió su compañera inseparable.

También llama la atención la claridad con que afirma que, casi sin quererlo, sus letras abordaban temas religiosos de manera casi inconsciente, como producto de su formación. Siempre ha tenido un temor sano a Dios y ha entendido que Él y Satanás son la fuente del bien y del mal, librando una guerra espiritual en la que nosotros somos el premio. Para él, ahí reside el principal conflicto del mundo… y gran parte de la mejor literatura.

Todos en el grupo atravesaban sus propias crisis por el abuso de sustancias, lo que afectó el trabajo y se reflejó en Muscle of Love. Después, en circunstancias que el libro no aclara del todo, la banda se disuelve y Alice inicia su carrera en solitario.

Lo peligroso fue que Vincent no lograba desmarcarse de su personaje. El alcoholismo alcanzaba proporciones épicas. Entró en rehabilitación, pero más adelante cambió el alcohol por las drogas y parecía que no había vuelta atrás. Hasta que, gracias a la intervención de su esposa, terminó en la iglesia. Ese fue el principio de un cambio radical: la sobriedad y, por fin, la capacidad de dejar a Alice en el escenario y ser él mismo fuera de él.

En el libro, de vez en cuando, la propia Alice interviene, como una voz en la cabeza o un comentario al margen, cuestionando o empujando la versión de Vincent. Ese recurso le da un tono particular al relato: no es solo memoria, sino un diálogo constante entre el hombre y el personaje que casi lo consume.

Años después lanza lo que muchos consideran su trilogía de corte más espiritual:

The Last Temptation, la historia de un muchacho tentado por un cirquero demoníaco que lo invita a su circo de horror, pero a quien logra derrotar.

Brutal Planet, donde imagina una sociedad dentro de cincuenta años, en la que la iglesia, los valores familiares, la escuela y el gobierno se han derrumbado, dejando un lugar terrible donde nadie querría vivir.

Y Dragontown, sobre ir a toda velocidad hacia un muro de ladrillos: mejor decide pronto, porque cuando llegues, se acabó el juego.

Vincent es muy abierto sobre su fe y no se guarda nada. Habla del libre albedrío: de que Dios nos puso aquí con la capacidad de elegir cómo comportarnos; de lo contrario, seríamos simples robots sin capacidad para juzgar la moralidad más allá del interés propio.

También fundó el Centro Juvenil Solid Rock en Arizona, donde ayuda a adolescentes y jóvenes a desarrollar su talento.

Devil on My Shoulder es un libro que vale la pena leer. Se sale de los clichés habituales de las biografías del rock y muestra cómo alguien tachado durante años de diabólico puede ser transformado y utilizado por Dios para sus propósitos, como ocurrió con Pablo.

 

viernes, 23 de octubre de 2026

El juego sucio en Sudamérica

 

¿Será que, como sudamericanos, estamos viendo el fútbol de manera equivocada? ¿Esa “garra” de la que tanto nos jactamos es, en gran medida, una oda al juego sucio?

Aplaudimos conductas que confundimos con picardía: hacer tiempo, meter la pierna fuerte a propósito, fregar al rival hasta sacarlo de quicio o engañar al árbitro. A quienes juegan de forma más ordenada y limpia, como suele ocurrir en Europa, los tildamos de cobardes.

Hace años, Brasil representaba la antítesis del fútbol sudamericano: priorizaba el juego bonito y ganaba premios al Fair Play. Sin embargo, perdió ese rumbo en los 90 y, tras su último título mundial en 2002, ya no volvió a ser el mismo.

En Perú, la marcación de Reina sobre Maradona, aplaudida por muchos, rozó el acoso. Seguimos celebrando a jugadores “vivos” como Zambrano, que a menudo confunde el carácter con la malicia, o al Puma Carranza, conocido por su juego intenso y duro.

A nivel continental, celebramos la mano de Maradona ante Inglaterra en 1986, y años después imitamos ese espíritu cuando Ruiz Díaz hizo lo propio ante Brasil en la Copa América.

Selecciones como Uruguay y Paraguay destacan por dejar todo en la cancha, algo admirable, pero con frecuencia se exceden en el juego brusco y en la lógica del “todo vale”.

El caso de Luis Suárez mordiendo a un rival en un Mundial es el ejemplo más extremo. También quedó en la memoria el Chile-Uruguay de la Copa América 2015, en el que los chilenos recurrieron a todas las artimañas posibles para desestabilizar al rival.

Sin embargo, también hay mucho que rescatar en nuestro fútbol. Tenemos una garra que genera admiración en el mundo: peleamos cada balón como si fuera el último, no nos rendimos nunca y, cuando se usa bien, nuestra picardía puede ser un arma clave en momentos decisivos.

Es justo reconocer que Europa tampoco es un paraíso. Ellos también simulan faltas y juegan de forma muy física, aunque con los años han incorporado el toque y la técnica que históricamente han caracterizado al fútbol sudamericano.

En este último Mundial 2026 vimos las dos caras de la moneda. Por un lado, el partido entre Francia y Paraguay, en el que los guaraníes recurrieron a un juego agresivo que rozó e incluso superó lo ilegal. Por otro lado, España, en las semifinales, dio una lección de cómo competir con corazón e intensidad, cerrando espacios y atacando con decisión, pero sin abusar de las faltas ni buscar constantemente el límite.

Tal vez el camino sea encontrar un equilibrio: combinar el juego bonito que nos sale de forma natural con una garra limpia, que deje el corazón en la cancha sin necesidad de ganar “como sea” ni recurrir a métodos ilegales o antideportivos. Ya hemos demostrado que somos capaces de hacerlo.

 

lunes, 12 de octubre de 2026

Avril Lavigne: Entre el camino comercial y la madurez compositiva

 



Había una vez una adolescente de un pueblo casi desconocido en Canadá que cantaba folk y góspel en ferias locales. Su nombre: Avril Ramona Lavigne. Fue descubierta por el mánager Cliff Fabri mientras cantaba en una librería Chapters de Kingston, Ontario.

Los primeros intentos de la industria resultaron confusos. La enviaron a trabajar con diversos escritores y productores. Grabó demos más rockeros y angustiados con Clif Magness en Los Ángeles (como “Losing Grip” y “Unwanted”), que se acercaban más a lo que ella quería. También exploró un sonido más folk/country en Nueva York, pero ninguno de los dos caminos terminaba de convencer a la discográfica.

Finalmente, la emparejaron con el equipo de producción de The Matrix. Juntos construyeron el sonido pop-punk melódico y radial de Let Go (2002). Aunque Avril participó en la escritura, el resultado fue un producto mucho más pulido y comercial de lo que habían sido aquellos demos iniciales. Nació la imagen de la “skater girl”, efectiva para vender, pero que ella misma sentiría después como una versión limitada de lo que quería ser.

En su segundo disco, Under My Skin (2004), Avril intentó recuperar el control. Se alejó de The Matrix y trabajó con Chantal Kreviazuk y Ben Moody, entre otros. El resultado fue un álbum más oscuro, post-grunge y emocionalmente denso, que muchos fans consideran el más auténtico y sólido de su carrera.

A partir de ahí, la tensión con la industria se volvió más evidente. En The Best Damn Thing (2007) aceptó trabajar con Dr. Luke y Max Martin y entregó un disco abiertamente pop, brillante y calculado para pegar en la radio. “Girlfriend” fue un enorme éxito, pero el álbum sacrificó gran parte de la actitud de sus primeros trabajos. Aun así, entre el brillo comercial quedaron canciones más honestas como “When You’re Gone” y “Keep Holding On”.

Goodbye Lullaby (2011) fue otro intento de volver a un terreno más personal y acústico, aunque la discográfica volvió a empujar hacia singles más radiales. El disco homónimo de 2013 de Avril Lavigne mostró a una artista confusa, experimentando sin una dirección clara.

Luego llegó el golpe más duro: en 2014 contrajo la enfermedad de Lyme, que la dejó postrada y al borde de la muerte durante años. Desapareció de la escena.

En 2019 regresó con Head Above Water, un disco despojado, espiritual y centrado en su recuperación, con baladas, piano y un tono mucho más maduro. Esa búsqueda de Dios y su agradecimiento luego de ayudarla durante su enfermedad me hubiese gustado que continuara por esa senda en trabajos posteriores, pero, como sabemos, lo dejó de lado.

En 2022 intentó regresar al pop-punk con Love Sux. Aunque tiene energía y algunas buenas canciones, a varios les resultó forzado: una artista cercana a los 40 repitiendo fórmulas de rebeldía adolescente que ya no terminaban de sonar naturales, en medio del revival de los 2000.

La historia de Avril Lavigne es la de una joven con personalidad propia que fue moldeada por la industria, que a veces luchó por recuperar su voz y otras veces cedió al juego comercial. Pasó de ser un producto cuidadosamente construido a intentar desprenderse de esa imagen, a caer de nuevo en ella, a enfermarse gravemente, a renacer y a volver a tropezar con las mismas tensiones.

¿Qué habría pasado si desde el principio le hubieran permitido desarrollar el sonido más crudo y personal que mostraba en aquellos primeros demos con Magness? Nunca lo sabremos.

Lo que queda es una carrera marcada por esa pugna constante entre lo que ella parecía querer ser y lo que el mercado le pedía que fuera.