viernes, 23 de octubre de 2026

El juego sucio en Sudamérica

 

¿Será que, como sudamericanos, estamos viendo el fútbol de manera equivocada? ¿Esa “garra” de la que tanto nos jactamos es, en gran medida, una oda al juego sucio?

Aplaudimos conductas que confundimos con picardía: hacer tiempo, meter la pierna fuerte a propósito, fregar al rival hasta sacarlo de quicio o engañar al árbitro. A quienes juegan de forma más ordenada y limpia, como suele ocurrir en Europa, los tildamos de cobardes.

Hace años, Brasil representaba la antítesis del fútbol sudamericano: priorizaba el juego bonito y ganaba premios al Fair Play. Sin embargo, perdió ese rumbo en los 90 y, tras su último título mundial en 2002, ya no volvió a ser el mismo.

En Perú, la marcación de Reina sobre Maradona, aplaudida por muchos, rozó el acoso. Seguimos celebrando a jugadores “vivos” como Zambrano, que a menudo confunde el carácter con la malicia, o al Puma Carranza, conocido por su juego intenso y duro.

A nivel continental, celebramos la mano de Maradona ante Inglaterra en 1986, y años después imitamos ese espíritu cuando Ruiz Díaz hizo lo propio ante Brasil en la Copa América.

Selecciones como Uruguay y Paraguay destacan por dejar todo en la cancha, algo admirable, pero con frecuencia se exceden en el juego brusco y en la lógica del “todo vale”.

El caso de Luis Suárez mordiendo a un rival en un Mundial es el ejemplo más extremo. También quedó en la memoria el Chile-Uruguay de la Copa América 2015, en el que los chilenos recurrieron a todas las artimañas posibles para desestabilizar al rival.

Sin embargo, también hay mucho que rescatar en nuestro fútbol. Tenemos una garra que genera admiración en el mundo: peleamos cada balón como si fuera el último, no nos rendimos nunca y, cuando se usa bien, nuestra picardía puede ser un arma clave en momentos decisivos.

Es justo reconocer que Europa tampoco es un paraíso. Ellos también simulan faltas y juegan de forma muy física, aunque con los años han incorporado el toque y la técnica que históricamente han caracterizado al fútbol sudamericano.

En este último Mundial 2026 vimos las dos caras de la moneda. Por un lado, el partido entre Francia y Paraguay, en el que los guaraníes recurrieron a un juego agresivo que rozó e incluso superó lo ilegal. Por otro lado, España, en las semifinales, dio una lección de cómo competir con corazón e intensidad, cerrando espacios y atacando con decisión, pero sin abusar de las faltas ni buscar constantemente el límite.

Tal vez el camino sea encontrar un equilibrio: combinar el juego bonito que nos sale de forma natural con una garra limpia, que deje el corazón en la cancha sin necesidad de ganar “como sea” ni recurrir a métodos ilegales o antideportivos. Ya hemos demostrado que somos capaces de hacerlo.

 

lunes, 12 de octubre de 2026

Avril Lavigne: Entre el camino comercial y la madurez compositiva

 



Había una vez una adolescente de un pueblo casi desconocido en Canadá que cantaba folk y góspel en ferias locales. Su nombre: Avril Ramona Lavigne. Fue descubierta por el mánager Cliff Fabri mientras cantaba en una librería Chapters de Kingston, Ontario.

Los primeros intentos de la industria resultaron confusos. La enviaron a trabajar con diversos escritores y productores. Grabó demos más rockeros y angustiados con Clif Magness en Los Ángeles (como “Losing Grip” y “Unwanted”), que se acercaban más a lo que ella quería. También exploró un sonido más folk/country en Nueva York, pero ninguno de los dos caminos terminaba de convencer a la discográfica.

Finalmente, la emparejaron con el equipo de producción de The Matrix. Juntos construyeron el sonido pop-punk melódico y radial de Let Go (2002). Aunque Avril participó en la escritura, el resultado fue un producto mucho más pulido y comercial de lo que habían sido aquellos demos iniciales. Nació la imagen de la “skater girl”, efectiva para vender, pero que ella misma sentiría después como una versión limitada de lo que quería ser.

En su segundo disco, Under My Skin (2004), Avril intentó recuperar el control. Se alejó de The Matrix y trabajó con Chantal Kreviazuk y Ben Moody, entre otros. El resultado fue un álbum más oscuro, post-grunge y emocionalmente denso, que muchos fans consideran el más auténtico y sólido de su carrera.

A partir de ahí, la tensión con la industria se volvió más evidente. En The Best Damn Thing (2007) aceptó trabajar con Dr. Luke y Max Martin y entregó un disco abiertamente pop, brillante y calculado para pegar en la radio. “Girlfriend” fue un enorme éxito, pero el álbum sacrificó gran parte de la actitud de sus primeros trabajos. Aun así, entre el brillo comercial quedaron canciones más honestas como “When You’re Gone” y “Keep Holding On”.

Goodbye Lullaby (2011) fue otro intento de volver a un terreno más personal y acústico, aunque la discográfica volvió a empujar hacia singles más radiales. El disco homónimo de 2013 de Avril Lavigne mostró a una artista confusa, experimentando sin una dirección clara.

Luego llegó el golpe más duro: en 2014 contrajo la enfermedad de Lyme, que la dejó postrada y al borde de la muerte durante años. Desapareció de la escena.

En 2019 regresó con Head Above Water, un disco despojado, espiritual y centrado en su recuperación, con baladas, piano y un tono mucho más maduro. Esa búsqueda de Dios y su agradecimiento luego de ayudarla durante su enfermedad me hubiese gustado que continuara por esa senda en trabajos posteriores, pero, como sabemos, lo dejó de lado.

En 2022 intentó regresar al pop-punk con Love Sux. Aunque tiene energía y algunas buenas canciones, a varios les resultó forzado: una artista cercana a los 40 repitiendo fórmulas de rebeldía adolescente que ya no terminaban de sonar naturales, en medio del revival de los 2000.

La historia de Avril Lavigne es la de una joven con personalidad propia que fue moldeada por la industria, que a veces luchó por recuperar su voz y otras veces cedió al juego comercial. Pasó de ser un producto cuidadosamente construido a intentar desprenderse de esa imagen, a caer de nuevo en ella, a enfermarse gravemente, a renacer y a volver a tropezar con las mismas tensiones.

¿Qué habría pasado si desde el principio le hubieran permitido desarrollar el sonido más crudo y personal que mostraba en aquellos primeros demos con Magness? Nunca lo sabremos.

Lo que queda es una carrera marcada por esa pugna constante entre lo que ella parecía querer ser y lo que el mercado le pedía que fuera.

 

 

viernes, 28 de agosto de 2026

Reflexionando sobre un nuevo año en mi vida.

 

Llega el fin de agosto y, con él, un cumpleaños más. La mayoría lo espera con ansias. Yo, en cambio, solo quiero pasar desapercibido. Celebrar con la persona que más quiero, en nuestro lugar de siempre, como lo hemos hecho durante años. Salir con esos amigos medio locos a los que la pasión por las ruedas nos unió y que se han convertido en una familia disfuncional, pero muy querida. Tal vez ver a esa persona con la que no siempre me llevo bien, pero a la que quiero con todo mi corazón. Y recibir los saludos de la familia y de quienes se acuerden, porque nunca lo divulgo.

Ha sido un año de andar más escondido. Sin salir tanto. Dándole a la bici, apoyando en casa, atendiendo los trabajos que van saliendo y avanzando.

Por supuesto, vas a faltar tú por encima de todo. Este será el segundo cumpleaños sin tu presencia. Como dije alguna vez: esto no se cura, solo va cicatrizando. Pero la marca queda y, de rato en rato, vuelve a sangrar. ¿Estará Bronco contigo allá arriba? No lo sé. Quiero creer que los perros también van al cielo, que te estuvo esperando en la puerta y que, cuando te vio, movió la cola de alegría.

Recuerdo lo difíciles que fueron esos primeros meses. Por aquí andábamos como zombis y todos tenían una opinión sobre lo que “se debía hacer”. Al final, el que se quedó en la casa fui yo. Yo recibí las balas. Y lo volvería a hacer sin dudarlo. No hay precio para agradecer lo que hicieron por mí (y yo nunca he sido un ángel).

Pero salimos. Reflotamos. Nos paramos y avanzamos, con ayuda de Dios. Estamos mejor. Aún sangramos. Nos agarraron con la guardia baja por segunda vez, renegamos, nos fastidiamos, nos indignamos… pero al final nos volvimos a levantar. Dios no falla y siempre está presente. Sacada de lengua para los que pensaron que nos iban a tumbar.

Ahora estamos a las puertas de otro cambio. Nerviosos, estresados, pero sabiendo que es para bien. Y que Él nuevamente nos va a sostener, como siempre lo ha hecho.

 Algunos cuestionarán mi escasa presencia en la iglesia. Lo lamento, pero no es el momento de ser sociable. Tengo responsabilidades que atender. Si voy, es por el servicio y luego me retiro. Hay alguien que me necesita y punto. Además, ando cuestionándome muchas cosas de la iglesia como institución. Mi fe en Dios sigue firme. Lo que va disminuyendo es mi confianza en las estructuras eclesiales. Sueño con una iglesia que regrese a las casas y, desde ahí, enfrente las batallas. 

Mientras tanto, seguimos con los proyectos: los zines, la radio y la escritura —qué delicia es escribir—. Continuamos con el trabajo y con la empresa, esperando que algún día crezca. Y dispuestos a ir donde Dios nos quiera enviar.

Más viejo. Con cicatrices internas y externas. Muchas veces derribado, pero no destruido. Perseverando en medio de un mundo cada vez más perdido y de una iglesia que muchas veces se hace cómplice.

El mismo Zelote de siempre.

¿Será hora de un nuevo tatuaje?

Feliz cumpleaños, amigo Zelote, compañero de mil batallas. 

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Alan Niven - Sound N' Fury: Rock N' Roll Stories

 



Finalmente, luego de una batalla legal contra Axl Rose —quien trató de impedir su publicación durante mucho tiempo—, Alan Niven, el exmánager de Guns N’ Roses, pudo publicar su libro Sound N’ Fury: Rock N’ Roll Stories.

Para mí, Niven es uno de los mejores mánagers del rock de la historia y no ha sido reconocido como se merece. Fue una de las principales razones del éxito de varias bandas que alcanzaron fama mundial.

En este libro, Niven se sienta a tomar un café con el lector mientras cuenta historias que vivió durante sus años en el camino del rock and roll. Esas historias muestran a un hombre que ha pasado por mucho, pero que, a través de las cicatrices, ha aprendido. Además, siempre fue un visionario: veía lo que otros no veían y nunca dejó que nadie lo pasara por encima, lo cual le trajo varios problemas.

En el libro destacan dos vínculos clave. En primer lugar, su relación con Great White, la banda que fue el verdadero “bebé” de Niven. Los ayudó a crecer, a encontrar su camino dentro del rock, escribió canciones con ellos y siempre buscó apoyarlos, a pesar de que muchas veces no le pagaron con la misma moneda. Finalmente se distanció de ellos.

Por otro lado, está su relación con Guns N’ Roses, de quienes decidió ser mánager cuando nadie más quiso hacerlo. Los ayudó a convertirse en una de las bandas más exitosas comercialmente de los 80 y los cuidó entre los excesos de sus miembros. Admiraba la dedicación de Slash al trabajo y tenía un cariño especial por Izzy, a quien veía como el verdadero motor de la banda, su corazón y su alma.

El estilo confrontacional de Niven le valió para chocar con el hambre de control del enigmático e impredecible Axl Rose. Al ver que no podía controlarlo, Axl terminó despidiéndolo a principios de los 90 y, como se ve en algunas de las historias, hizo todo lo posible por vengarse de él.

Luego de su despido, Niven entró en el anonimato. Ha trabajado con otras bandas y ahora vive en un entorno rural bastante apacible. Aunque de vez en cuando concede entrevistas a podcasts de rock o escribe columnas incendiarias en las que se despacha a gusto contra Axl —demostrando que la espina de la ingratitud sigue clavada—, su día a día está completamente alejado del circo mediático.

Curiosamente, su protegido, Izzy Stradlin, también vive en el anonimato, pasando sus días entre California e Indiana, practicando surf, manejando motos y reparando autos.

Axl Rose, por su parte, terminó, irónicamente, bajo la influencia de Fernando Lebeis y su madre Beta, quienes le siguen ofreciendo un falso sentido de libertad mientras lo controlan a su antojo.

Este es el libro de un viejo zorro del rock que bien vale la pena leer y que, finalmente, ha visto la luz.