
Finalmente, las elecciones llegaron a Perú. Días previos me llamó la atención que me hayan cambiado de local de votación, pero no le hice mucho caso al asunto. El día de la elección no tuve muchos problemas y pude votar con tranquilidad. Justo ese día me había quedado a dormir la noche anterior en la casa de un amigo y pasé por el Colegio Médico en Miraflores, y observé a bastante gente afuera, pero no le presté mucha atención.
Lo que vendría después confirmaría algunas de las sospechas que tenía. Había muchas personas que se habían quedado sin votar, y lo más curioso es que la mayoría, si no todas, estaban en Lima, donde — oh, casualidad — la izquierda no tiene casi ningún adepto. Además, habían dejado sin votar a más de 1 000 000 de personas, abriendo los locales de votación casi a las 12 del día o simplemente no abriéndolos. No respetaron la voluntad popular; hicieron esto adrede y nadie se dio por aludido. El plan ya estaba hecho y había sido puesto en marcha con meses, si no años, de anticipación.
Las votaciones dieron como ganadores a Keiko Fujimori y a López Aliaga; se peleaba el segundo puesto con Roberto Sánchez. Lo curioso del asunto es que — oh, sorpresa — en provincias no había habido casi ningún problema con las votaciones y, sobre todo en el sur, la gente votó con normalidad. Casualidades de la vida, ¿no?
Luego de este escándalo electoral y de investigaciones concisas, se llegó a la conclusión de que había habido bastantes irregularidades en el proceso y que, conforme avanzaban los días, iban saliendo a la luz. Incluso se dice que el software de la ONPE había sido trucado para favorecer al candidato Roberto Sánchez. (¿Foro de São Paulo, son ustedes?)
Finalmente, el jefe de la ONPE, Corvetto, asumió su seudoresponsabilidad y renunció a su cargo, pero eso no exime del daño causado. El JNE, en lugar de asumir su responsabilidad y convocar a nuevas elecciones, que era lo que tocaba, simplemente se lavó las manos como Pilatos y dejó todo en el limbo. Para ellos no pasó nada y todo seguía igual.
Lo que me molesta es la letanía de las personas, pues ellos, en vez de luchar y salir a las calles, no lo hacen. Y esto es porque, tradicionalmente, la derecha nunca ha sido de salir a la calle a marchar por sus derechos. Pero el futuro del país está en juego.
Yo no sé a quién le beneficiará que este advenedizo llamado Roberto Sánchez — que se dice huachano pero vive en San Borja manejando un carro de 18 mil dólares, y que simplemente se puso un sombrero para jalar a los ineptos — sea el presidente. Lo único que sé es que, con su discurso polarizado, lo único que hace es encender las alarmas y hacernos pensar en cómo las personas del sur tienen tanto odio en el corazón y son tan fáciles de engañar como para votar por este sujeto que ni siquiera tiene un plan de gobierno; que lo único que quiere es llevarnos a la ruina y convertirnos en una nueva Venezuela.
A lo largo de la historia se ha comprobado que la izquierda nunca ha funcionado en ninguno de los países en los que ha gobernado. Nos venden el cuento de que en Europa la izquierda sí funciona, pero ese tipo de gobierno no es de izquierda, sino una socialdemocracia, que es algo totalmente diferente; y cuando Suecia se fue por el camino de la izquierda en los años 90, casi se fue a la ruina y tuvo que virar antes de colapsar.
Bien dicen que Marx era un parásito que vivía de los demás mientras le succionaba a un millonario que era el que lo mantenía. De igual forma, Colombia, en estos tiempos, se fue por el garete al confiar en Petro como presidente y ahora está sufriendo las consecuencias. Pero Chile viró a la derecha a tiempo antes de irse al colapso.
El Perú ha vivido desde el año 2016 en piloto automático. ¿Y no es justo que dentro de unas elecciones totalmente aberrantes y de un plan planificado, se haya permitido que 35 candidatos puedan postular para que, de esa forma, la valla para ganar no sea tan alta? Es evidente el plan de la izquierda, que ha copado todos los poderes del Estado y está buscando cómo hacer que esto le favorezca.
Yo no creo que Keiko Fujimori sea la mejor candidata para ser presidente, pues ella tiene la culpa de todo este embrollo en el que nos hemos metido. Pero de allí a dejar que mi odio hacia ella me nuble el entendimiento y votar por un candidato que solo quiere llevar al país a la debacle es algo muy distinto.
Creo firmemente que Dios está a cargo de todas las cosas, pero también que el pueblo, en estas circunstancias, debe levantarse y salir a luchar por sus derechos. Por cierto, es curioso que el Congreso haya aprobado una ley para aumentarles el sueldo a los militares. ¿No estarán comprándolos para que no se levanten junto al pueblo si ellos protestan?
Tenemos una oportunidad de oro para salir del bache en el que estamos y no debemos perderla. Ojalá Dios se apiade de nosotros en esta situación.
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